5 de junio de 2010

Susana, la de los sueños perdidos.




Se recostó contra el cabecero de la cama mientras encendía su cigarrillo y no dejaba de mirarla.
-Te repito que esa camisa es mía, así que no estaría mal que me la fueras devolviendo, me voy ya -
-Te irás si te dejo yo -replicó Susana con una sonrisa pícara mientras comenzaba a deslizarse la camisa por el hombro, tan cuidadosamente como si de una pluma se tratase. Caminó con sus pies desnudos por la habitación mientras se soltaba el pelo.
-No empieces Su, que sabes que ganarás.
Ella, cuyo mayor vicio eran las manos de Javier recorriendo cada centímetro de su cuerpo, continuó con la mágica danza de aquellas que sueñan con poder volar mientras miran el cielo bajo sus pies.

Como era obvio, ganó. Ya que como todos saben, Susana, la chica de los sueños más perdidos vestidos con pensamientos ingenuos, es irresistible.

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