25 de diciembre de 2011

Mira.. vas a llevar razón.


Pues mira que sí, que sigo loca por tus lunares, por tus ojos "olas rompiendo contra los acantilados", por tu aliento tras mi oreja, por tus manos en mi entrepierna y por todo aquello que no se puede contar.
Que me da igual como doblemos los calcetines mientras sea en la misma cómoda, no me importa el color de las sábanas si al fin y al cabo vas a acabar tiñéndolas de ti, que las sonrisas en tu boca saben mejor.

Y que por mucho que intente disimularlo, tu sonrisa me transporta a lugares insospechados. Cuando estoy contigo no puedo hacer otra cosa que mirarte, quedarme atontada con tus muecas, tu cuerpo, tu forma de moverte.
Pues mira que sí, será que has sido mi amor.

5 de junio de 2010

Los secretos de una exploradora de lunares.


-No se si quedarme callada por que me has dejado sin palabras o besarte.

Se acercó lentamente hacia mi con el propósito de rozar mis labios dulcemente. Los cinco segundos que tardó en hacerlo se me hicieron eternos. Aun que me hiciera la dura estaba deseando besarle. Deseando sentir esos labios que guardan la sonrisa que se le pone cuando me mira que tanto me gusta, de sentir más cerca los hoyuelos que le salen, de que me tire esas indirectas que tanta gracia me hacen, deseando tocarle el pelo para colocárselo o de acariciarle la espalda timidamente, de jugar a ese juego de poner palabras y que todas tuvieran que ver con nosotros, al juego de continuar canciones, al de aguantarnos la mirada o a contarnos las chistes más malos de la historia. Dudaba que algo pudiera superar lo que me hacían sentir todas esas cosas. Pero claro que lo hubo. Y con creces. Me besó.

Yo creo que fueron diez minutos más o menos los que nos quedamos inmóviles, con los labios tan cerca que podía notar su aliento en los mios. Y fue maravilloso. Estábamos bañados por la luna, en el segundo piso de la torre eiffel y con un picnic preparado. Casi me derrito.
Y bueno, ya lo demás os lo dejo a la imaginación. Solo diré que no tocamos absolutamente nada de aquel picnic.

Susana, la de los sueños perdidos.




Se recostó contra el cabecero de la cama mientras encendía su cigarrillo y no dejaba de mirarla.
-Te repito que esa camisa es mía, así que no estaría mal que me la fueras devolviendo, me voy ya -
-Te irás si te dejo yo -replicó Susana con una sonrisa pícara mientras comenzaba a deslizarse la camisa por el hombro, tan cuidadosamente como si de una pluma se tratase. Caminó con sus pies desnudos por la habitación mientras se soltaba el pelo.
-No empieces Su, que sabes que ganarás.
Ella, cuyo mayor vicio eran las manos de Javier recorriendo cada centímetro de su cuerpo, continuó con la mágica danza de aquellas que sueñan con poder volar mientras miran el cielo bajo sus pies.

Como era obvio, ganó. Ya que como todos saben, Susana, la chica de los sueños más perdidos vestidos con pensamientos ingenuos, es irresistible.